PARQUE NATURAL DE SA DRAGONERA

El Parque Natural de Sa Dragonera está formado por los islotes Pantaleu y Mitjana y por la isla de Sa Dragonera. La superficie del parque es de 274 hectáreas terrestres y está declarado todo él, junto con una importante superficie marina, Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) y Zona de especial protección para las aves (ZEPA) y por lo tanto, forma parte de la Red Natura 2000.

Sa Dragonera, situada al suroeste de Mallorca, está separada de esta por un pequeño canal de unos 800 m. de anchura y una profundidad máxima de unos 15 m.

El camino hacia la conservación del espacio no fue fácil, y en buena parte su protección se debe a la fuerte presión popular en contra del intento de urbanización de la isla en los años 70. Es por eso que Sa Dragonera es uno de los símbolos del conservacionismo balear. El año 1987 el Consell de Mallorca adquirió la isla, que fue declarada Área natural de especial interés (ANEI). Finalmente, en 1995 se convirtió en Parque natural.

PARQUE NATURAL DE SA DRAGONERA

PARQUE NATURAL DE SA DRAGONERA

El Parque esta abierto a las visitas todo el año. El horario es de 10 a 17 h desde el 1 de abril hasta el 30 de septiembre, y de 10 a 14.30 h el resto del año.El horario del Centro de recepción es Lledó, isla de Sa Dragonera es de 10 a 17 h desde el 1 de abril hasta el 30 de septiembre y de 10 a 15 h el resto del año.

PARQUE NATURAL DE SA DRAGONERA

  • Circulad sólo por los caminos.
  • No está permitido la recolección de ningún tipo de material, vivo o inerte.
  • Está prohibido encender fuego.
  • Los animales domésticos no pueden entrar en el Parque.
  • Evitad los ruidos, respetad el silencio.
  • No se pueden practicar actividades deportivas distintas del excursionismo.
  • Debeis llevaros vuestra basura.
  • No se permite alimentar a las lagartijas ni a ningún otro animal.
  • No se permite la acampada.
  • La pesca desde la costa y la recolección de organismos marinos están prohibidas.

PARQUE NATURAL DE SA DRAGONERA

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Los visitantes pueden llegar a la isla en barca propia o mediante las diferentes empresas que realizan el transporte desde Puerto de Andratx y Sant Elm. El acceso al Parque es por el muelle des Lledó.

MAPA

PARQUE NATURAL DE SA DRAGONERA

Las dimensiones de la isla, su aridez, su relieve y la influencia marina hacen que Sa Dragonera disponga de una riqueza natural excepcional.En Sa Dragonera se han identificado 361 especies de plantas en total, de las cuales 18 son endemismos de distribución balear.La comunidad vegetal más extensa del Parque es la garriga de acebuche (Olea europaeasylvestris) con olivillo (Cneorum tricoccon). Menos extendidas pero con una diversidad florística elevada se encuentran las comunidad litorales, de peñascos o las de grietas y paredes, favorecidas por el carácter abrupto de la isla.La fauna del Parque es otro de los aspectos más interesantes del espacio natural. Entre la fauna destaca la población de lagartijas, formada por una subespecie endémica (Podarcis lilfordi giglioli) que no existe en ninguna otra parte del mundo, así como el caracol (Iberellus balearicus), también endémico de Baleares.La relación de aves marinas catalogadas del Parque es extensa, entre ellas merece especial mención la gaviota de Audouin (Larus audouinii) y la pardela balear (Puffinus mauretanicus), una de las pocas aves endémicas de las islas.Entre las rapaces se encuentra la población más numerosa de halcón de Eleonora (Falco eleonorae) del archipiélago. Respecto a los mamíferos, los murciélagos son el único grupo de presencia natural en el Parque. Se han detectado al menos cinco especies, algunas de ellas migrantes. El resto de mamíferos presentes (ratas, conejos y ratones) han sido introducidos y su presencia se considera perjudicial para la flora y la fauna autóctonas.Las aguas y los fondos marinos están incluidos en el Área de Influencia Marina, que contiene una muestra representativa y bien conservada de los ecosistemas submarinos del Mediterráneo occidental. Destacan por su diversidad las comunidades coralígenas y las praderas de Posidonia oceanica, refugio de muchas especies marinas.

PARQUE NATURAL DE SA DRAGONERA

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EN EL PARQUE-Centro de recepción es Lledó, isla de sa Dragonera. Teléfono 971 180632. Horario: de 10 a 17 h desde el 1 de abril hasta el 30 de septiembre y de 10 a 15 h el resto del año.-Exposición del Far de Tramuntana "En els camins de la mar"-Zona de sombra con 6 mesas para comer.FUERA DEL PARQUE-Oficina de información medioambiental y municipal a Sant Elm, Andratx.(Abierta de mayo a octubre). Avenida Jaume I, 18. Teléfono 971 239205.-Oficina del Parque del Consell de Mallorca: C/ General Riera, 111, 07010 Palma. Teléfono 971 173700, Fax 971 173732. Horario: de 8 a 15 h. www.conselldemallorca.netIBANAT (CAIB): C/ Gremio de Corredores, 10-1er. Polígono de Son Rossinyol, 07009 Palma. Teléfono 971 177645. Fax 971 177647. Horario: de 8 a 15 h.

PARQUE NATURAL DE SA DRAGONERA

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  • Itinerari de na Miranda
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  • Itinerari del far des Llebeig
  •    
  • Itinerari del far de Tramuntana
  •    
  • Itinerari del far Vell

PARQUE NATURAL DE SA DRAGONERA

Itinerari de na Miranda

Dificultad:Baja
Duración:30 min

Color:   

Es un itinerario muy corto, adecuado para los días más calurosos del verano. Junto al mirador hay un pequeño pinar con mesas y bancos. Es el lugar ideal para comer a la sombra. El camino atraviesa la zona más humanizada de Dragonera, pero también la más diversa.

Etapas

Para llegar a Sa Dragonera, podemos partir desde Sant Elm o desde el Port d'Andratx. La travesía más corta es la primera y por eso las barcos ofrecen un horario más flexible, con más salidas. Los catamaranes del puerto, por el contrario, son más grandes y ofrecen una perspectiva casi completa de la costa de Andratx. Una vez que hemos llegado al pequeño muelle conocido como Mollet des Lledó, podemos hablar con el personal del Parque, que nos informará de todo lo que necesitamos saber para aprovechar mejor la jornada. El acceso a la cala es inmediato y si nos queremos dar un baño basta con bajar unos escalones y zambullirnos en el agua. Hay que tener cuidado, sin embargo, con las medusas, ya que hay temporadas en que se concentran en el puerto. La cala es pequeña, de guijarros, sombreada por tamariscos. En ella desemboca el Torrent de sa Cova. Las matas han crecido y alcanzan la altura de un árbol. Los guijarros garantizan un agua transparente, limpia. Las rocas que configuran la cala son conglomerados del mioceno, que están formados por la unión de piedras de diferentes tamaños incrustadas en una matriz calcárea. Como ya hemos dicho, las aguas y los fondos marinos que rodean Sa Dragonera contienen una muestra representativa y bien conservada de los ecosistemas submarinos del Mediterráneo occidental. Una breve buceada nos permitirá ver una gran variedad de animales marinos: desde las lapas y los cangrejos de roca hasta diferentes peces de litoral, como castañuelas, doncellas, peces verdes, serranos, tordos de roca, sargos, mojarras, salpas, etc. No conviene dejar pasar la oportunidad de conocerlos.
Desde las casas vemos, al otro lado de la cala, el palomar llamado la Torre des Colomer. Para dirigirnos hacia allí debemos tomar el primer camino a mano derecha. Pasamos unos antiguos gallineros, un pinar y, después de unas curvas, entramos dentro del Tancat de Tramuntana, que conserva unos bancales de siembra y olivos. Hoy en día estos cultivos se mantienen como testimonio de los usos agrícolas de otros tiempos. También proveen de oliva y de grano a diversas especies de pájaros. Tras el olivar vemos el Portitxol des Lledó, abierto hacia el sudoeste, con las barcas atracadas en el muelle. El camino presenta una última curva que nos conduce a Na Miranda (mirador en castellano). A la izquierda hay un pinar con unas mesas. Desde el mirador vemos la Punta des Calafats y justo al lado, los arrecifes dispuestos en fila, dentados. Hacia la derecha se distingue la Illa Mitjana, que casi parece añadida a la costa de Sant Elm. Si miramos hacia poniente, tenemos una magnífica perspectiva de Na Pòpia, con la cima aserrada por la parte de Tramuntana y el faro llamado Far Vell situado en la parte más alta. El camino continua entre pinares y bancales de olivos. Pasa por delante de la Torre des Colomer, que parece un decorado de opereta, con su almena, el portal redondo y el ventanuco con una plataforma para que las palomas emprendan el vuelo. Finalmente, el camino se une a la pista principal del faro, justo antes del pequeño collado de Tramuntana. Si seguimos recto llegaremos al faro y si giramos hacia la izquierda descenderemos otra vez hacia el puerto.
De vuelta, si miramos hacia la izquierda, veremos el camino que hemos recorrido cuando subíamos: los bancales, el olivar, los sembrados y la Torre des Colomer, que asoma desde el pinar. Todo ello recortado sobre la mar del estrecho y la costa de Mallorca. Avanzamos hacia el sudoeste mirando de frente a Na Pòpia. Este monte de 352 metros de altura es el punto más alto de la isla. Su forma sesgada hacia el norte sigue el mismo patrón que la Serra de Tramuntana de Mallorca. Son relieves que se formaron como consecuencia de fuertes plegamientos que tuvieron lugar durante el Mioceno inferior y medio. Como consecuencia de una compresión en dirección noroeste, las rocas del primitivo zócalo se elevaron y solaparon unas sobre otras configurando el relieve actual. Na Pòpia es un nombre rescatado del olvido que hoy es conocido por los visitantes habituales de Sa Dragonera. Su origen es incierto. Una hipótesis es que deriva de popa en catalán. Pero no se refiere a la parte posterior de un buque, ni a la parte musculosa, blanda, de un cuerpo, sino el significado concreto de 'pecho de mujer o de hembra' que encontramos en el Diccionario Català Valencià Balear. Los lingüistas señalan que la imagen de un pecho no es extraña en la toponimia; la acusada prominencia cónica de la cima hace pensar que se trata de este significado. Na Pòpia también se conoce como el Puig del Far Vell o el risco de Na Guinavera, que podría derivar de la palabra gavina en catalán que significa gaviota, haciendo alusión a las numerosas colonias de esta ave que habitan la zona.
Las gaviotas y las lagartijas son los animales más conspicuos de la isla. Su presencia a nuestro alrededor llega a ser, durante el verano, permanente. En cada rincón de la isla hay una lagartija y una gaviota dispuestas a hacernos compañía, a compartir un rato con nosotros. El sonido que indica la presencia de los reptiles, como eco de nuestras pisadas y el graznido de las gaviotas junto con el canto de las cigarras, componen la música singular de los caminos de Dragonera. Las aves son uno de los grupos más interesantes de Sa Dragonera. Son importantes las poblaciones de aves marinas nidificantes como la pardela (Calonectris diomedea), el cormorán (Phalacrocorax aristotelis) y la gaviota de Audouin (Larus audouinii), las especies de rapaces como el halcón de Eleonor (Falco eleonorae) y las aves migratorias que usan la isla como lugar para alimentarse y descansar. En cambio, la gaviota vulgar es objeto de control demográfico ya que sus elevadas poblaciones pueden afectar negativamente al resto de aves de la isla. La lagartija (Podarcis lilfordi subsp. gigliola) es una subespecie exclusiva de Dragonera y, por ello, es muy importante conservarla. Las lagartijas antes poblaban todas las islas Baleares, pero con la llegada del hombre y otros depredadores desaparecieron y quedaron confinadas a las islas pequeñas y los islotes.

PARQUE NATURAL DE SA DRAGONERA

Itinerari del far des Llebeig

Dificultad:Media
Distancia:4532 m
Duración:3 h
Recomendaciones:Se puede entrar solicitando la llave antes de partir al personal del centro de recepción des Lledó

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Es el recorrido más largo, pero posiblemente es más ligero que la subida al Far Vell. Permite desviarse hacia la torre des Llebeig y, desde este punto, coger el camino que baja a la cala. La torre es el elemento arquitectónico más antiguo de la isla. Fue construida a finales del siglo XVI.

Etapas

Saliendo hacia el sudoeste dejamos atrás las casas del centro de recepción y, a la derecha, otra vivienda que sirve para acoger a los trabajadores del Parque. El camino sube ligeramente y enseguida tenemos una perspectiva que nos permite comprobar las dimensiones reducidísimas del pequeño puerto conocido como Portixol des Lledó. Al llegar al Torrent des Garrots hay unas zonas de pinar. En el borde del camino podemos observar frailillos, aros y cebolla albarrana. Este torrente desemboca en la Cala de s'Art. Antiguamente en este punto se pescaba con el filarete, aparejo de arrastre, estirado por los marineros desde tierra, para capturar el caramel. El camino bordea la costa sur de la isla y a nuestra espalda podemos sentir la presencia cercana de la isla de Mallorca. De vez en cuando, algún viejo pino se levanta a orillas del camino y nos permite retomar el aliento. Los acebuches y lechetreznas, junto con los olivos y aladiernos, dominan el paisaje. En primavera, nos llama la atención la lechetrezna arbórea, porque forma unas matas redondeadas muy vistosas, de color amarillo. A medida que avanza el año, las hojas adquireren tonos rojizos hasta que caen en pleno verano para hacer frente a la sequía. Pasamos un abrevadero que recoge el agua de unas rocas construido junto al camino. Todo el ingenio era poco para recoger un poco de agua. Más adelante, en la parte baja del torrente de Cala Cucó, vemos un aljibe del siglo XIX, otra construcción, esta de más entidad, que reservaba el agua de escorrentía y servía para abrevar al ganado disperso por el campo.
Una desviación hacia la derecha nos permite ver, situados a pocos metros, un horno de cal y un empedrado para el carboneo que todavía se encuentran relativamente bien conservados. El horno de cal data del siglo XVIII. Fue construido para abastecer de cal las continuas reparaciones que necesitaban las dos torres de la isla, ya que el paso del tiempo y los ataques de los piratas provocaban su degradación. Posteriormente, durante los siglos XIX y XX fue utilizado en la construcción de los dos faros. Su ubicación, en la vaguada de Cala Cucó, se debe a que ahí encontramos la zona de bosque más grande de toda la isla; sus pinos proveían de leña para hacer la cal. El horno casi se puede ver desde el camino del Far des Llebeig, aunque se encuentra un poco oculto por la vegetación. Su olla tiene un diámetro de unos 6 metros. Justo a su lado se construyó la barraca de los trabajadores. Desde aquí se ve Cala Cucó, la única cala de la isla formada por guijarros y arena. A lo largo del camino, encontraremos más torrentes; el Torrent de Cala en Begur, el Torrent de ses Fontanelles y el Torrent de la Cala des Llebeig. Entre el primero y el segundo, el camino atraviesa una zona de afloramientos geológicos del mioceno, como los que hay en la zona des Lledó y na Miranda. Se trata de conglomerados en los que se pueden apreciar guijarros de diferentes tamaños, procedentes de una antigua erosión fluvial, que se encuentran incrustados en una matriz calcárea. A continuación llegamos a un punto con una buena panorámica sobre el faro y la Torre des Llebeig. El camino se acerca al peñón y gira hacia poniente, siguiendo la vertiente sur del Puig des Aucellers. En la toponimia recogida por Mascaró Passarius figura el monte con este nombre, que, según Rosselló Vaquer, proviene del más antiguo Puig des Orxellers, ya que esta actividad, la recogida de urchilla, fue habitual. La urchilla es un colorante natural carmín, púrpura o violeta que se saca a partir de varios líquenes, principalmente del género Roccella, que crecen en los roquedales de montaña. El colorante se extraía con amoniaco y se comercializaba en jarras como pasta de urchilla. En la Edad Media se empleaba para teñir paños de calidad.
La torre ha sido restaurada recientemente y se puede visitar. Desde la Torre des Llebeig hay un pequeño camino que baja a la cala del mismo nombre. Una de las primeras referencias conocidas sobre la utilidad de Sa Dragonera como atalaya de vigilancia la encontramos en la crónica de la conquista de Mallorca de Pedro Marsili (1314), en la que dice que «esta roca no es totalmente inútil, pues la mano de Dios la puso en medio del mar para servir de atalaya ». En un texto del año 1342 se dice que es una antigua costumbre destinar hombres (los llamados dragoneros) al islote para vigilar los peligros que surjan del mar y avisar. Pero la primera noticia de la construcción de una torre de defensa en Sa Dragonera es de 1550. Se eligió el punto más alto de la isla, el mismo en el que, tres siglos más tarde, en 1851, se levantó el faro de na Pòpia. En el año 1585 se construyó una segunda torre, la des Llebeig, que es la única que se conserva en la actualidad. Está situada en el Cap des Llebeig sobre unos acantilados de 60 metros de altura. Su finalidad era la de impedir la entrada de barcos a la Cala des Llebeig, la cual no era visible desde la torre de Na Pòpia, por este motivo no formaba parte del sistema de señales. Presenta una planta circular y la cámara interior está cubierta por una bóveda, también tiene una azotea rodeada por una pared hecha de una mezcla de cal, grava y piedra. Junto a la torre se pueden observar los restos de un sistema de recogida de aguas pluviales en un aljibe. Cerca de este aljibe se ven todavía los restos de cuatro tinajas enterradas que también servían para guardar agua de lluvia y que ya fueron citadas en el año 1658 cuando los piratas las destruyeron. En 1749 fueron sustituidas por otras nuevas.
Fue proyectado por Eusebio Estada y entró en funcionamiento en el año 1910 en sustitución del faro de na Pòpia. La instalación luminosa era de vapor de petróleo a presión y la lámpara alumbraba con tres destellos blancos equidistantes separados por cinco segundos. En 1971, la necesidad de retirar el personal de los islotes motivó la sustitución completa del aparato, que pasó a ser de acetileno, con cambiador automático y válvula solar. Se pasó a destellos blancos cada siete segundos y medio. Actualmente, dispone de una instalación fotovoltaica de 12 voltios, con placas solares en la cubierta del edificio. El alcance de la lámpara es de 20 millas.

PARQUE NATURAL DE SA DRAGONERA

Itinerari del far de Tramuntana

Dificultad:Baja
Distancia:1758 m
Duración:1 h
Recomendaciones:Hay que acordarse de solicitar la llave del edificio del faro de Tramuntana si queremos ver la exposición y la vivienda de los fareros

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Es un itinerario bueno para pasar un día de invierno, o también, para los días más calurosos de verano, cuando no podemos prescindir de un baño en la calita. Recordemos que hay que solicitar la llave del edificio del faro de Tramuntana si queremos ver la exposición y vivenda de los fareros.

Etapas

Es Lledó siempre es punto de llegada y punto de partida; es el puerto natural donde desembarcamos al llegar a la isla. Enseguida encontramos las casas, situadas sobre la cala, con el centro de interpretación. Justo después, el cruce de caminos. El de tramuntana, hacia la derecha, es un paseo relativamente suave, con pinares que sombrean algunos tramos del camino y el del mirador, con una vista inédita sobre el poniente de la sierra mallorquina. Alrededor de las casas, las plantas de jardín se mezclan con la vegetación natural de la isla. Aunque se eliminan, se han introducido recientemente 46 especies. También se congregan, en torno a las casas, las lagartijas, siempre a punto para atrapar unas migas de pan. En ningún otro lugar de las Baleares se nos acercan con tanta facilidad. Los biólogos han estudiado las lagartijas con mucha paciencia. Trabajos recientes demuestran que el gusto de estos reptiles por néctares de determinadas flores ayuda a la polinización. La caleta des Lledó tiene una larga historia. Un talayot se levantaba donde ahora están las casas. En sus alrededores, entre los olivares, un centenar de tumbas de época romana fueron destruidas para preparar la tierra para sembrar. Un poco más hacia el interior, la cueva de Sa Font se adentra una veintena de metros hasta una balsa que antiguamente se usaba para abastecer la isla de agua potable. Junto a la laguna, se encontraron trozos de jarras, asas, tiestos de varias épocas y alguna joya arqueológica llegada del Mediterráneo oriental.
Para empezar, nos acoge la sombra reconfortante de un pinar con aromas de romero y de tomillo (en verano), con la floración espigada del brezo (en otoño) o la más breve y quebradiza de las estepas (en primavera). Casi todo el año, vemos el verde tierno de la albaida o el gris ceniza moteado de amarillo de la siempreviva. Un poco más arriba, tras una curva contemplamos el estrecho. En primer término vemos los escollos llamados Es Calafats. Pero no todos: el Escull Negat y En Carnisser, por ejemplo, permanecen escondidos a poca profundidad e impiden la navegación. De vez en cuando, el romper de las olas o un resto de espuma los delata. Los pinares que dejamos atrás contrastan con las laderas desarboladas que bordean buena parte del camino. Pendientes pronunciadas donde el sotobosque se agarra a la roca y se redondea para resistir el embate del viento. Los cojinetes espinosos de Launaea cervicornis tapizan todo el litoral de la isla. A medida que nos acercamos a la cima, el cielo se llena de gaviotas. En la época de cría, atravesamos su territorio y esto provoca una vocerío que se superpone al rumor del mar. Las vemos muy cerca: los ojos, el pico y las patas de color amarillo lucen sobre el plumaje blanco, muy puro en el vientre y cenizo al dorso. También llamada la gaviota de manto azul: un nombre bonito para un ave que ha perdido el encanto, como todo lo que prolifera con desmesura. Le ha ganado, en cambio, la gaviota de pico rojo o gaviota de Audouin, que se ha visto desplazada por su congénere, aunque hoy en día se recupera visiblemente.
Sa Dragonera aún guarda secretos por descubrir. Las islas son un mundo aparte, a menudo simplificado. Por eso son consideradas los mejores laboratorios naturales para estudiar la evolución animal. También lo son para estudiar las relaciones ecológicas entre los animales y las plantas. El estudio de las interacciones ecológicas entre los habitantes de las islas parece más fácil de realizar que en los continentes. Recientemente, se han estudiado especies que difícilmente podremos ver pero que forman parte esencial de los ecosistemas de la isla: los murciélagos. Son habitantes seculares de la cuevas, actualmente viven en lugares poco frecuentados, como las grietas de los roquedos. En Sa Dragonera, se han detectado seis especies diferentes. La más abundante es el murciélago de cola larga, que tiene una distribución más o menos regular por toda la isla, excepto en los lugares donde la densidad de gaviotas es muy alta. La existencia de construcciones como las casas y los faros permite la presencia de especies adaptadas a los ambientes humanizados, como el murciélago común. La mayor diversidad de estos mamíferos se ha detectado en la zona de tramuntana. El noreste de la isla es el lugar de cría más probable de la pardela balear, cuyas poblaciones son aún poco conocidas, pero importantes desde el punto de vista de la conservación de la naturaleza.
El faro de Tramuntana está situado a dos kilómetros del puerto a una altura de 65 metros sobre el nivel del mar y el alcance de la luz es de 14 millas. El edificio es de planta cuadrangular, levantado sobre una excavación en la roca caliza. Las paredes son de piedra viva con las esquinas y las jambas de las ventanas de marés. El interior del edificio fue restaurado en el año 2003. Derribaron las paredes medianeras que separaban las cámaras de la vivienda de los torreros para dejar una sala única de acogida a los visitantes. La exposición actual, "En los caminos de la mar», completa la información sobre el Parque natural de Sa Dragonera del centro de recepción. Se trata de una visión de la isla como lugar de paso en las rutas marítimas hacia la Península, con todo lo que ello implica desde el punto de vista geográfico, histórico y humano.

PARQUE NATURAL DE SA DRAGONERA

Itinerari del far Vell

Dificultad:Media/Alta
Recomendaciones:En la cima de na Pòpia, no os acerquéis a las rocas y tened en cuenta que el Far Vell está en ruinas

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Cada diez pasos subís un metro: desde el nivel del mar hasta el punto más alto de la isla. Durante el verano protegeos del sol e id bien provistos de agua. En lo alto de la cima de Na Pòpia, no os acerquéis a los peñascos y tened en cuenta que el Far Vell está en ruinas. Se trata de una excursión que no os decepcionará.

Etapas

Salimos desde Lledó hacia el Far des Llebeig. A cuatrocientos metros nos encontramos el indicador del Coll Roig y del Far Vell. Atravesamos la entrada del cercado y nos introducimos por antiguos bancales hoy invadidos por el sotobosque, entre algunas matas y acebuches que han crecido en esta tierra. Aquí se cultivaba algo de huerto, algunos frutales -manzanos, cerezos, almendros, olivos-, y unos cuartones de cebada o de avena para las ovejas, que también aprovechaban el pasto natural del campo. La Caseta des Tancat ha sido restaurada y tiene un porche que sirve de cobijo en invierno o de zona de sombra en verano. Es un buen lugar para detenerse a merendar. Nos protege, además de la casa, la presencia simbólica de la pared de Es Tancat, hecha de piedra en seco con el borde superior cubierto por líquenes y por las deyecciones de las gaviotas. Éstas, en la época de cría, la emplean como atalaya, una cada veinte metros, como los centinelas en su fortaleza. Desde Es Tancat, el camino de Na Pòpia -que fue restaurado en el año 2005- sube hasta el Coll Roig, donde podemos observar la costa norte de Mallorca y los acantilados de Sa Dragonera. Más adelante, más o menos a la mitad del recorrido, llegamos al tramo más plano de todo el camino. En este lugar comienza el Torrentó des Garrots. La vegetación de la isla se reconstruye lentamente de la antigua explotación tradicional, especialmente intensa en las vaguadas y unos viejos acebuches sombrean el camino.
En los peñascos de tramuntana se conservan protegidos, gracias a la inaccesibilidad del paraje, dos arbustos que antiguamente debían ser más abundantes, el palmito y el boj. Tanto el uno como el otro eran muy apreciados en la pequeña industria manufacturera. El palmito que también podéis verlo junto a las casas de Es Lledó se usaba para la obra de palma: escobas, cestas, abanicos... El corazón tierno del tronco era comestible y los ejemplares de Sa Dragonera eran de tamaño considerable, como nos indica la crónica de fray Pedro Marsili de principios del siglo XIV: " No ha neguna cosa de fruyts, ni de terra alscunas cosas naxents, sinó solament rayls de palmna fada, las quals en cathalanesch apeylam bargueyons, e d’aquests ha sobremanera molt beyls e grossos e saborosos, que semblants no’n són atrobats en las ylas balears...” Pero la vegetación más propia de los acantilados son: la Hippocrepis balearica de la familia de las leguminosas, con las flores amarillas y olorosas -un aroma dulce, afrutado y fugaz-, el Helichrysum ambiguum con las hojas finamente aterciopeladas de un gris plateado y las flores reunidas en capítulos de un amarillo muy vivo (cuando se secan se doran y cogen la consistencia de un papel de seda envejecido), y la Scabiosa cretica con los capítulos florales largamente pedunculados, abundantes, con flores vistosas, azuladas o un poco rosadas.
Los peñascos son también el ámbito de las aves y el lugar desde el cual podemos contemplarlas casi cara a cara. Las corrientes de aire ascendentes que se forman nos permiten apreciar el espectáculo siempre cambiante de su vuelo: el planeo, las acrobacias, los juegos en el aire de gaviotas y halcones, tan diferentes en todo. El halcón de Eleonor (o también halcón de la reina) es un ave con una capacidad prodigiosa para el vuelo. Habita en los peñascos de Sa Dragonera, donde llega procedente de Madagascar y África oriental. Cría durante el otoño, coincidiendo con la llegada de los pequeños pájaros migratorios, de los cuales se alimenta preferentemente durante esta época. En cambio, durante el verano caza insectos en vuelo, haciendo piruetas dificilísimas, atrapándolos con las garras. La silueta negra y movediza del halcón de la reina no se puede confundir con la del cuervo que tiene las alas más redondas y el vuelo más pausado, pero que también se ve a veces por Sa Dragonera.
La farola vieja de Na Pòpia o, más breve, el Far Vell, es uno de los faros más antiguos de las Illes Balears. Se construyó el año 1851 sobre el emplazamiento de una antigua torre de defensa, que comenzó a ser derrumbada el día 16 de septiembre de 1850. Es un faro singular por muchas razones: porque se encuentra a 352 metros de altura sobre el risco de na Guinavera; por la belleza arquitectónica del edificio, encajado en la roca, escalonado, siguiendo los desniveles del terreno y con un camino sostenido por bancales de piedra en seco; por el hecho de estar situado en un paisaje excepcional desde el punto de vista ecológico, que hoy es Parque natural, y, finalmente, por su corta historia, ya que el año 1910 fue sustituido por los faros de Tramuntana y des Llebeig debido a que muchos días, especialmente durante el invierno, el faro se hacía invisible, inmerso en las masas de nubes que se concentran en la cima de Na Pòpia. Todo ello lo hace uno de los faros más emblemáticos de las Illes Balears y seguramente uno de los que más literatura ha generado. Quizás es el faro al que mejor describe esta sentencia de Predrag Matvejevic de su Breviario mediterráneo: «Los faros son un tipo particular de templos mediterráneos ... »

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